Les voy a contar una historia, espero que interesante. Hace casi 30 años, cuando yo tenía 13, en Navidad me llegó mi primer ordenador, un ZX Spectrum. Me pasé los tres días siguientes absolutamente enganchado, hasta que mis padres me “obligaron” a salir de casa. Cambió mi vida en muchos aspectos pero, viéndolo en perspectiva, una de las cosas que añoro de aquella época era que las aplicaciones eran desarrolladas por una o a lo sumo unas pocas personas que tenían una pequeña empresa o ni tan solo eso. Internet no existía, pero si querías contactar con el fabricante por teléfono o carta postal, el propio programador o autor te atendía directamente.
Con 18 años, dos compañeros y yo desarrollamos incluso la primera contabilidad española para un entorno gráfico. Uno de ellos hizo, entre otras cosas, los iconos gráficos y el manual del usuario, y atendía directamente las consultas de los usuarios. Recuerdo un comentario algo sarcástico de su madre: “Nuestro hijo no aprueba casi nada, pero mira qué dibujos tan bonitos”. La sensación era de que había todo un mundo por explorar delante de nosotros.
Pero la informática se hizo más popular, más profesional, y crecieron los gigantes del software. Ahora, la sensación es que si hay algo que no me gusta de, por ejemplo, el procesador de textos (Word) que uso para escribir estas líneas, lo más práctico es esperar a la próxima versión y ver si ya hace las cosas que yo quiero. Sí, puedo enviar una sugerencia o queja, pero pienso que seguramente quedará apilada entre otras muchas centenares y, sinceramente, no me animo a hacerlo.
Vuelta atrás
La irrupción del iPhone y ahora del iPad han vuelto a cambiar, a mi entender, las reglas del juego. De golpe, han aparecido cientos, miles de nuevos desarrolladores, creando miles y miles de aplicaciones nuevas, con conceptos radicalmente nuevos o con al menos una interfaz totalmente nueva. La App Store permite que alguien cree por sí solo una aplicación y de golpe la pueda vender en todo el mundo y ganarse la vida con ello si la aplicación lo merece.
Con la perspectiva que me dan ya tres décadas en el sector, veo estos años como una nueva “época dorada de la innovación en informática”. Y veo al iPhone, al iPod y al iPad (y, para ser justos, a otros equipos similares de otros fabricantes) como si de un nuevo continente se tratara, donde queda mucho por explorar, hay espacio para que mucha gente se instale y se ponga a hacer cosas y la orografía y el clima son diferentes de los que conocemos.
Esto tiene muchas implicaciones de todo tipo, pero hay una que me interesa especialmente: los desarrolladores vuelven a ser, en muchos casos, pequeñas empresas, llenas de ilusión y espíritu creativo y, sobre todo, mucho más cercanas a sus clientes.
Feedback valioso
Cuando me descargué el juego de puzzle de madera Wood Puzzle HD, de la empresa DoReMi Digital (y que analizo en Análisis de… Wood Puzzle), me encantó por sus gráficos y sonido. Sin embargo, al dejárselo a mi hija, vi que algunos detalles no me acababan de gustar: en alguno de los puzzles, había alguna pieza que se confundía con el color del fondo; al ir a un puzzle nuevo, este aparecía montado y no se desmontaba solo; al acabar un puzzle había que tocar una flecha para ir al siguiente.
Eran detalles, pero alguno de ellos representaba toda una barrera para que mi hija pudiera jugar sola. ¿Era algo que sólo le pasaba a mi hija, que tiene autismo? Tuve la ocasión de que un niño muy pequeño “sin autismo” jugara, y constaté que tenía más o menos las mismas barreras.
Y pensé, ¿por qué no? Repasé todos los puzzles y todas las interacciones y me puse a escribir qué detalles cambiaría –tampoco eran tantos, que la aplicación ya estaba muy bien hecha– y hasta se me ocurrió la idea de un modo autopilotado que fuera presentando los puzzles uno detrás de otro.
Envié un mensaje a DoReMi con todo ello. La respuesta, inmediata, fue de agradecimiento. Más tarde, llegarían unos códigos para descargarse de forma gratuita otros juegos que tienen (aunque tampoco valen mucho dinero). Un mes más tarde, en octubre, DoReMi presenta la versión 2.0 de Wood Puzzle. Han mejorado algunos aspectos, y han cambiado todo lo que sugerí e implantado un “babymode” que es más o menos el modo autopilotado.
Insisto: Wood Puzzle ya era una aplicación genial, distinguida por la propia Apple. E insisto también: sólo mandé algunos comentarios. El mérito de que la versión 2.0 aún sea mejor es de DoReMi.
Lo que me interesa recalcar es que en este nuevo mundo, en iDeviceLand, como me gusta llamarlo, un comentario o feedback individual vuelve a tener mucho valor. Los desarrolladores son más pequeños y cercanos y están innovando mucho, y todo ello los hace mucho más proclives a escuchar a sus clientes.
Las dificultades que tiene un niño con autismo con muchas aplicaciones “genéricas”, como juegos, no son tan extrañas. Si prueba una y encuentra barreras, ¡dígaselo al desarrollador! En iDeviceLand, es mucho más fácil que su opinión sea escuchada.
-Francesc Sistach
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Mi experiencia me dice que a la gente que crea programas les gusta escuchar lo que dicen los usuarios de los mismos. Son mucho más receptivos y dispuestos a colaborar de lo que podría pensarse inicialmente…
Saludos…